El pasado 23 de abril, el Centro Cultural de la Plaza del Padre Vallet, fue renombrado como Centro Cultural Esperanza Morón, en memoria de nuestra presidenta de Honor.
Así como la sala de documentación de la Biblioteca Municipal Miguel de Cervantes, que a partir de ahora también llevará su nombre.
Si tuviéramos unas gafas de realidad virtual y pudiéramos estar aquí, en esta misma plaza a finales de la década de los años 50, veríamos un paisaje un poco diferente a este. Un edificio como en el que estamos, una plaza con sus soportales no habría, bien en verdad, un área peatonal, … pasarían pocos coches, y de vez en cuando, con no mucha frecuencia, un autobús que conectaría con Madrid. Si pudiéramos fijarnos bien, quizás veríamos una niña, casi una adolescente, muy rubia y pecosa, corriendo por la plaza, en busca de sus amigas, o de camino a la Poza … lo que no podríamos ver, desde luego, es todo lo que bullía dentro de aquella muchacha: una inteligencia privilegiada y unas ganas inmensas de aprender.
La parte de la ecuación que nos falta es la perseverancia y la constancia, ingredientes que le harían conseguir cambiar el guion de una vida que ya habían escrito. Ella, Esperanza Morón, siempre quiso más: quiso aprender, quiso saber, quiso conocer lugares diferentes, personas distintas, abrirse al mundo … y sin duda lo consiguió.
No obstante, nunca se alejó de Pozuelo: siempre estuvo vinculada a este lugar: aquí trabajo, aquí vivió, aquí lloro la pérdida de sus seres queridos, aquí se divirtió y compartió y finalmente aquí descansará para siempre. Pozuelo fue su pasión, y toda esa perseverancia y esa determinación que la llevo a crecer y salir de aquí, a cambiar ese guion preestablecido, luego la aplicó en conocer y difundir la Historia y las tradiciones de esta ciudad.,
A todos los que estamos aquí, nos ha tocado vivir hechos históricos que han trastocado nuestras pequeñas vidas. Esperanza Morón, conectó y documentó, gracias a su investigación, cómo los grandes acontecimientos de este país se traducían en los cambios históricos de Pozuelo de Alarcón. Un imperio en ruinas en el S.XVII obligaba al rey a vender sus tierras de realengo, esto incluyó a Pozuelo, que cambió de nombre y de señor; la llegada del tren a principios del S.XX, crea un nuevo barrio y atrae a la burguesía madrileña, convirtiendo a Pozuelo en un pueblo de veraneantes; la guerra civil, obliga a la población a significarse y la fuerza a evacuar el municipio, y a la vuelta ya nada será igual … A partir de los años 60 del S.XX, miles de españoles se desplazan de sus lugares de origen a las grandes ciudades para mejorar su nivel de vida, eso afectó a los municipios de la corona metropolitana de Madrid, incluido a Pozuelo, que gracias a ese impulso de los nuevos vecinos pasó de pueblo a ciudad, y fue el tema de tesis de Esperanza Morón, dirigida por el catedrático Luis Enrique Otero, con el que logró ser doctora en Historia por la Universidad Complutense.
Cada acontecimiento, tiene su reflejo documental, y a buscarlos, a reproducirlos, a estudiarlos en archivos públicos y privados y posteriormente a difundirlos se dedicó Esperanza en cuerpo y alma gran parte de su vida, … casi hasta el último aliento, cuando encontró documentación sobre la Iglesia de Pozuelo en un museo alemán, fruto de las pesquisas que había realizado la Alemania nazi antes de uno de los periodos bélicos más horrible que ha vivido Europa.
En sus últimos años se dedicó, junto al historiador Raúl Martín, a organizar toda la documentación recopilada. Y este tesoro es el que ha donado a este Ayuntamiento, como garante de su conservación y su difusión. Os pedimos que por favor lo hagáis: que lo miméis, que lo cuidéis, que lo explotéis.
Pero ella no solo se quedaba en lo grande, ella también era de lo pequeño: recogió las tradiciones que había vivido y de las que era heredera y perseveró para que no se olvidaran.
Constituyó, junto con Resurrección Llorente, una de las asociaciones más señeras de Pozuelo, la Asociación Cultural La Poza, siendo el motor de uno de los proyectos más importantes de recuperación de fuentes orales de la Comunidad de Madrid: más de 120 horas de entrevistas a persona vinculadas con el municipio, incluido vecinos y vecinas, de todas las clases sociales, de todos los sectores laborales del municipio, nacidos con anterioridad a la década de 1930: un conjunto de voces (todas transcritas) que reconstruyen un pasado único, y que se conservan en el Archivo Histórico Nacional.
Y más, … mucho más: la conservación de las máquinas de curtidos, la recuperación de la Cruz de la Atalaya, la restauración de los libros parroquiales … es imposible estar a su altura, su hueco es inmenso.
Fue también maestra. Comenzó tan joven, que la directora del colegio la “aconsejo” que se cortará la melena para imponer autoridad y para no confundirla con las alumnas del colegio. Su desarrollo como docente a lo largo de los años le dio madurez, pero no le resto entusiasmo. Enseñó Historia a cientos de niñas y niños, sus alumnos han demostrado su cariño y su admiración. Ella llevaba en el ADN la docencia, siempre creyó en el poder transformador de la educación. Su mirada sobre la infancia era muy especial …
Y más mucho más: optimista por naturaleza, educada, cariñosa, con un espíritu joven, siempre pendiente de su familia, la amiga que siempre acompañaba, la mejor madrina y comadrina del mundo. La mejor consejera, siempre dispuesta a escuchar.
Pero hablar de Esperanza sin hablar de Emilio es no tener la fotografía completa de ella. Su compañero de vida, siempre en segundo plano, siempre apoyando, siempre acompañando. Que él no saliera en las fotos no significaba que no estuviera, que no fuera esencial. Sin él todo hubiera sido distinto. Catalán de origen, en casa de los Ribot siempre se celebraba el día del libro, hubiera estado encantado de estar aquí con nosotros en este día recordando a Esperanza. Se habría sentido muy orgulloso.
Todas estas palabras nacen desde el respeto y sobre todo desde el cariño. Los que nos conocéis sabéis lo importante que era para nuestra familia, el golpe inmenso que nos ha dado la vida.
Nos gustaría que nos quedáramos con dos enseñanzas: primero, que el ansia por saber, conocer y aprender también mueve el mundo, y también que la historia no debe olvidarse nunca. Para ello hay que estudiarla y difundirla, siendo entre otras cosas, la garante de nuestra identidad, como nos enseñó Esperanza Morón.
Gregorio Rodríguez y Maribel Barrio




