El pasado Domingo de Resurrección, bajo un cielo radiante, las Aleluyas volvieron a llenar de color y alegría el aire de nuestro pueblo, fieles a una tradición que se repite cada año.
La palabra “Aleluya”, procedente del hebreo hallĕlū yăh, significa «alabad al Señor» y expresa un canto de júbilo presente en las tradiciones judía y cristiana, especialmente durante la Pascua. En Pozuelo, este significado cobra vida en forma de pequeñas estampas de papel que se lanzan en uno de los momentos más esperados de la celebración.
Todo sucede durante la Procesión del Encuentro, en la plaza de la Coronación, cuando desde lo alto de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora comienzan a caer las Aleluyas. Es el instante en que la madre se encuentra con su hijo resucitado, poniendo fin a la Semana Santa y dando paso a la alegría.
Esta tradición, recuperada por la Asociación Cultural La Poza, se remonta al siglo XIX y llegó a Pozuelo de la mano de dos mujeres de la familia Becerril, que trajeron consigo esta costumbre de origen levantino.
Acompañados por la música, siempre presente entre los vecinos tanto en los momentos de pena como en los de celebración, la Madre, el Resucitado y los pozueleros recorren las calles. Y entonces, en el Encuentro, caen los papeles de colores: ¡Aleluyas!
Son la imagen visible de la alegría, del reencuentro que emociona y acompaña. Desde lo alto de la torre, casi rozando el cielo, una mano las lanza para que vuelen de nuevo, como un gesto simbólico que nos recuerda, al regresar a la parroquia, que su presencia sigue entre nosotros cada día.
Suena la música. Se escucha el ¡Aleluya!
Y la Tradición se cumple, un año más.
Gracias al cielo por hacerlo posible.








